Todos anhelamos en nuestro matrimonio una fuerte unión con nuestra pareja…debemos luchar por ello.
Todo matrimonio tiene épocas de desilusión, frustración y dificultades. Algunas veces las provocamos nosotros mismos a través de nuestras malas decisiones o errores y descuidos. Otras veces somos cegados por catástrofes inesperadas. Es fácil señalar con el dedo al culpable en esas ocasiones. Es fácil desconectarse, dejar de hablar e internalizar amargura o vergüenza. Pero, es en esos momentos – cuando nuestros corazones están rotos y tenemos miles de palabras sin decir – cuando más necesitamos apoyarnos en nuestra pareja.
Este mundo nos dice que el amor es un sentimiento pasajero. Si esto es cierto, entonces el amor fracasaría en cada momento. Y nunca sería suficiente para mantener un matrimonio junto. Pero NO es así como Dios define el amor. La Biblia nos dice que el amor verdadero es incondicional. No importa cuántos errores cometamos. El amor nos sana
EL AMOR VERDADERO NUNCA NOS FALLA.
A pesar de eso, hay momentos en los que sentimos que es más fácil darnos por vencidos con nuestra pareja y terminar nuestro matrimonio. ¿Por qué sucede esto?
Somos incapaces de prever la sanación que nos depara el futuro. No queremos poner esfuerzo ni tiempo en llegar a la raíz de los problemas. Preferimos comenzar de nuevo. Pero, fallamos en ver el compromiso duradero que el matrimonio trae consigo, sin importar si nosotros seguimos adelante o no. Dios lo diseñó así. No es algo que podamos sacudirnos y olvidarlo.
Cuando nos casamos, prometemos entregar cada parte de nosotros a nuestras parejas. Y confiamos en que él/ella hará lo mismo.
En nuestro mundo hoy en día, esto es mal visto porque significa que tendremos que ser completamente vulnerables y poner nuestros corazones en la línea. Este es el bello misterio del matrimonio.
Cuando ambas partes hacen esto con el mayor de los esfuerzos – ser almas desnudas uno frente al otro, sin guardar nada del otro – se forma una increíble unión íntima. Y mientras más busquemos a Dios y el uno al otro, más fuerte se hace esta unión.
Creo que todos nosotros nos aventuramos en el matrimonio anhelando esta unión con nuestra pareja. Pero, la vida se mete en el camino y nos olvidamos de ser intencionales con nuestro tiempo. Nuestro matrimonio es puesto en el crisol, pero esto es contrario a lo que Dios quiere para nuestro matrimonio y para nuestra familia.
Nuestra pareja merece nuestro tiempo y atención todos los días – ya sea que lo merezca o no. Se lo damos porque le amamos y nos entregamos devotamente a hacer que este matrimonio sea exitoso.
Habrá momentos en los que no querremos entregar nuestro tiempo y nuestra atención a nuestra pareja:
•       Cuando sentimos que más bien somos compañeros de vivienda,
•       Cuando sentimos que él/ella no nos está dando lo que queremos,
•       Cuando ya no nos sentimos atraídos a nuestra pareja,
•       Cuando sólo el hecho de pensar en hablar con él/ella nos hace sentirnos exhaustos,
•       Cuando sentimos que no podemos hacer nada bien,
•       Cuando nos preguntamos si el matrimonio fue un error,
•       Cuando decidimos permanecer juntos “por los hijos”,
•       Cuando no estamos seguros si podemos confiar en nuestra pareja,
•       Cuando nos hemos des-enamorado de nuestra pareja,
•       Cuando tenemos un secreto del que no estamos seguro si podemos compartirlo siquiera con nuestra pareja, y
•       Cuando odiamos estar casados, pero no sabemos qué hacer al respecto.
Estas situaciones pueden ser dolorosas, pueden confundirnos y tienen el potencial de devastar nuestro matrimonio.
Pero, NO SON UNA RAZÓN PARA RENUNCIAR.
TRABAJAR JUNTOS POR EL MATRIMONIO
Debemos estar dispuestos a pelear por nuestro matrimonio. Ciertamente es necesario que AMBOS esposos trabajen para ello, pero debemos estar dispuestos a DAR EL PRIMER PASO.
Hagan esas cosas que disfrutaban hacer juntos cuando empezaron a salir:
•       Vayan al lugar al que siempre quisieron ir juntos.
•       Vean a un consejero matrimonial Cristiano que les ayude a aprender a tener una relación más saludable.
•       Participen en un retiro de parejas para fortalecer su matrimonio.
•       Rodéense de parejas con un matrimonio fuerte.
•       Oren juntos a diario, y pidan a Dios que ablande sus corazones el uno para con el otro.
•       Aumenten la afección física en su relación, y hagan el amor a menudo.
•       NO SE REPRIMAN. Compartan lo que tienen en sus corazones.
•       Sean honestos y abiertos. No guarden secretos el uno del otro de ningún tipo.
Recuerden, como esposo y esposa, han hecho votos para ser la pareja de cada uno, el amante, el mejor amigo, el alentador, quien cuida del otro, y la persona a la que buscar y en la que apoyarse cuando nos sentimos débiles.
El matrimonio es una bella relación que dura para toda la vida si se lo permitimos. Pero no podemos rendirnos cuando se torna difícil. Debemos esforzarnos.

extracto de un articulo de https://www.pildorasdefe.net/

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